«La extracción del abismo», por Mateo Ripoll

Socio: Ángel Rodríguez

LA EXTRACCIÓN DEL ABISMO

Extraída la piedra de la locura ¿qué nos queda?

Jueves 16 de Julio de 2020, Museo arqueológico de Cartagena.

Por Mateo Ripoll La huella del ser humano en el paisaje y medio de la comarca de Cartagena se encuentra en muchos lugares. Esta huella es la de la extracción. La extracción de unos recursos finitos que supone la destrucción del entorno que los contiene. Ya sea por su alteración formal y posterior erosión o por los vertidos y residuos que quedan en el territorio durante o tras ese proceso y que, ya sin valor económico, siguen teniendo una gran capacidad para contaminar y destruir el entorno.

El paisaje en la Región, y en concreto en la Sierra Minera y la Comarca, incluyendo el Mar Menor, es un paisaje devastado. Una ruina. Estéticamente entraría en la categoría de sublime. El título del proyecto hace referencia a uno de los grandes ensayos sobre lo sublime escritos en lengua castellana: La atracción del abismo de Rafael Argullol. Quien, por cierto, participó recientemente dentro de la programación de Cartagena Piensa.

Este paisaje de la comarca, un territorio en ruinas, cáscara de lo que en un tiempo fue, se caracteriza por las cicatrices que lo marcan y determinan. Una de ellas la constituyen los escoriales que hay en Portmán. Las gachas de hierro o escorias que almacenan son residuos de minería y forja y forman un sustrato más en nuestro paisaje. Son “piedras” o minerales extraños resultado del trabajo en la forja. Formalmente a caballo entre el cristal y el fósil, entre el hallazgo arqueológico, el paleontológico y lo orgánico. Estas piedras podrían considerarse un símbolo de la presión a la que el ser humano somete al medio y un icono del enorme deterioro que este ha sufrido desde los inicios de la Edad del Hierro (edad en la que todavía hoy nos encontramos) hasta las crisis actuales (que suponen una emergencia climática y el posible colapso ambiental). Podríamos considerar estas piedras como una metonimia, una parte que define a un todo. Una minúscula parte que encarna en su microcosmos un macrocosmos mayor.

¿Por qué las escorias?

En 2018 un antiguo miembro del grupo promotor de Cartagena Piensa, Pepe Segura, me puso en contacto con Jim Finnegan, vecino de Portmán. Jim era conocido en Portmán como “el loco de las piedras” por su colección de escorias recogida durante sus paseos por los montes de la bahía. Jim buscaba a alguien que pudiese ayudarle a dar forma a una idea que tenía. Para él esta colección de gachas tenía un valor en sí misma a pesar de que los vecinos las considerasen simplemente un desecho. Su idea era traducir estas piezas en algún tipo de objeto comercial, tal vez un souvenir o algún tipo de objeto que pudiese exhibirse y con el que pudiese identificase el territorio y patrimonio de la Sierra Minera. Su objetivo era, como mínimo, aportar una reflexión y una puesta en valor del entorno de Portmán entre sus vecinos. Pepe recurrió a mí considerando que era la persona adecuada para ilustrar estas figuras y ayudarle en esta empresa. Cosa que hice gratamente.

Finalmente tras varios experimentos y pruebas llevamos a cabo una pequeña exposición en la asociación de vecinos de Portmán y escribí un artículo para la Opinión sobre este tema.

Reflexionando sobre estas piezas llegué a la conclusión de que eran, en efecto, las “piedras de la locura”. Pero en un sentido diferente. Desde el Arte y haciendo referencia a la conocida obra de El Bosco («La extracción de la piedra de la locura», 1505).

¿No es acaso una locura destruir el medio que uno mismo habita?

¿No es una locura destruir el futuro de todo un territorio dejándolo estéril y erosionado, agotado y envenenado para las generaciones futuras?

De ahí bebe el título del proyecto: La extracción del abismo, fusionando ambas obras e ideas. La locura de los personajes del Bosco con el paisaje de ruina sublime.

Con el presente proyecto proponemos, pues, una nueva mirada al paisaje y al entorno. Intentando encontrar en él aquello que realmente lo define, más allá de perspectivas técnicas, económicas o utilitarias. Proponemos recurrir al arte y a la poesía como vehículo para comprender nuestro entorno y dotarlo de significado a fin de que pase de ser una simple fuente de recursos o un medio para un fin (como señalara Alain Roger en su Breve Tratado sobre Paisaje) a ser un campo artístico, un espacio simbólico por construir, un paisaje en el que proyectar la propia identidad colectiva e individual, un espacio habitable.

Esta reflexión poética en torno al paisaje escapa de la perspectiva amplia y del conjunto que suele aplicarse a este género, no requiere distancia sino proximidad, desaparecen el horizonte y el infinito que son sustituidos por una cercanía que reduce el paisaje a su menor expresión: una “piedra” que no es, en realidad, piedra sino desecho industrial. Estas piedras son representadas con un estilo de trama y tinta que recuerda a los dibujantes e ilustradores del XIX y el XX.

El Dibujo es la gran herramienta para la reflexión, para el conocimiento de la forma y del mundo. La colección de gachas se representa de esta manera haciendo alusión a uno de los grandes teóricos del arte del XIX, una figura prácticamente desconocida en nuestro país: John Ruskin.

Ruskin, el gran defensor de Turner en Modern Painters, obra fundamental. Y el gran promotor y mecenas del movimiento Prerrafaelita. Un hombre extraordinariamente dotado para el dibujo y la reflexión en torno a la estética. Sus textos sobre arte y arquitectura fueron muy relevantes en la segunda mitad del XIX. Colaboró con el Arts and Crafts y escribió un manual de Dibujo que está considerado una pequeña joya de la pedagogía y la didáctica. Enfocado a los alumnos del Arts and Crafts proponía un método concreto de dibujo y la realización de un ejercicio final como prueba del desarrollo pleno de las aptitudes del dibujante. Este dibujo consistía en salir al camino a pasear y recoger la piedra que más llamara la atención del dibujante-paseante. Una vez hecho esto encerrarse y dedicarse a su más perfecta y exacta representación en todos sus aspectos formales y propiedades, claroscuro y textura.

Partiendo de este ejercicio que proponía Ruskin surgió la idea de esta serie de ilustraciones. Una suerte de topografía de una metonimia llevada a cabo del natural y sobre las piezas en bruto.

El proyecto, sin embargo, no se limita a una exposición de unos dibujos. Tiene como propósito hibridar varios lenguajes en un proceso de reflexión. La observación, la contemplación no es suficiente. Debe concretarse formalmente en una acción. En este caso una acción poética que parta de la técnica y la forma poética que ha llevado la metonimia a sus más altas cotas.

Podemos considerar que al igual que pasara en el entresiglos del XV al XVI (cuando el Bosco realizó su obra durante los últimos coletazos de la pandemia de la Peste) o en el del XVIII al XIX (cuando nació en Europa el paisaje y lo sublime) vivimos un momento de crisis (climática y social) y nos encontramos ante una encrucijada en la que debemos dar respuesta a muchas cuestiones y decidir qué camino recorrer como sociedad teniendo en cuenta que la desertización y el cambio climático son hechos constatados.

Esta crisis exige, en primer lugar, recurrir al Arte como un medio para definir la identidad y el territorio. Le corresponde al Arte establecer qué elementos de los que constituyen el medio deben valorarse como paisaje.

Si hay un arte y un lugar donde se llegó a este punto antes que en Occidente es en Oriente. El género del paisaje apareció muy pronto en la cultura china y japonesa. Pintores y poetas trazaron un paisaje mucho antes de que lo hicieran los pintores del XVIII-XIX europeo decidieran salir al campo.

Una de las formas poéticas más sencillas y destacables de la literatura y el paisaje japonés es el haiku, que es en sí mismo pura metonimia. Y es por ello que en el presente proyecto se plantea llevar a cabo una exposición de dibujos de gachas mineras y un taller literario de haikus buscando fusionar e hibridar con ello ambas ideas y formas y que tenga lugar un encuentro y reflexión desde diferentes disciplinas que permita aportar una nueva mirada a la situación de emergencia climática y de colapso ambiental que vive la Comarca del Campo de Cartagena.

Es aquí donde entran Carlos Olmo, también miembro de Cartagena Piensa, y El Vuelo del flamenco, la revista poética. Son ellos quienes han proyectado estas actividades poéticas partiendo de la representación de la materia más humilde, de estas escorias, de estos fragmentos extraídos del abismo para, no tanto inspirándose en ellos, sino en torno a ellos, construir una serie de obras que sean en sí mismas reflexión, arte y pensamiento. Sólo de esta manera encontraremos respuesta a la pregunta que da título al presente texto: extraída la piedra de la locura ¿qué nos queda?

Mateo Ripoll

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Mateo Ripoll Planas (Mallorca, 1981), residente en Cartagena desde 2006.

Licenciado en Bellas Artes (San Carlos, Valencia) y profesor interino de Dibujo. Desde su infancia consideró esta disciplina como la gran herramienta para la reflexión y el conocimiento desde el Arte. Debe sus influencias a los grandes autores de cómic francobelga: Hergé, Jean Giraud y Hermann Huppen así como por la pintura del XIX.

Obtuvo dos becas artísticas y compaginó su labor artística, en sus inicios centrada en el género del paisaje, con la docencia y la investigación, llevando a cabo estudios de doctorado y una tesina en torno al paisaje y sus sistemas de representación (“Perspectiva y claroscuro en el paisaje romántico”). La crisis de 2008, que se cebó especialmente con el colectivo de funcionarios docentes interinos, y su paternidad (siendo padre de un menor con autismo) le alejaron de la práctica de la pintura de caballete y le llevaron a reflexionar en torno al Dibujo y al carácter colectivo y social de la Cultura así como a la relevancia del cómic como medio.

Ha coordinado encuentros de Dibujo Urbano (urbansketching) en la comarca de Cartagena, los Días Azules del Museo Regional de Arte Moderno MURAM así como participado en diferentes proyectos expositivos generalmente colectivos (p. ej., “Esencial, 100 años de Oliver Belmás”) o educativos y artísticos que han sido seleccionados en iniciativas como el festival Mucho Más Mayo.

Forma parte de diferentes asociaciones y colectivos artísticos (Los Gatos usk, La Sociedad de Collage de Cartagena, La Nevera de Kanner – junto a su mujer, Beatriz Pérez Saura, también artista y docente- y el grupo Carrocero).

Ha publicado ocasionalmente en prensa (en La Opinión y eldiario.es). Firmemente convencido de que el Arte tiene una dimensión ética, social, colectiva y educativa y que no debe renunciarse nunca a ella.

Actualmente está trabajando en varios proyectos desde diferentes disciplinas y medios (fotografía, modelismo, dibujo, cómic, pintura…) todos ellos relacionados con la memoria, la educación, la diversidad, la inclusión, el paisaje y el lugar. Convencido de que toda reflexión es una representación y de que debe darse forma plástica al pensamiento intenta, como miembro del grupo promotor de Cartagena Piensa, colaborar con sus compañeros para que tengan lugar proyectos como Sobrevivir a la frontera o La extracción del abismo.

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